
Una gastronomía que se ha convertido en una de mis preferidas, junto con la española, incluso muchos años antes de probar la real, la elaborada allí en Japón, porque cualquier expatriado sabe, que por muy similar, ninguna cocina es exactamente igual fuera de sus fronteras.
Aquí hay muchos restaurantes japoneses, no obstante Estados Unidos es el país del mundo en el que más expatriados japoneses viven, con una cifra muy superior a otros países como China, Australia, Tailandia y Canadá que le siguen en ese mismo orden, pero con cifras notoriamente más bajas.
Además he tenido la oportunidad de visitar y disfrutar de la gastronomía japonesa en los tres barrios japoneses oficiales que en la actualidad existen en Estados Unidos. Concretamente en las ciudades de Los Ángeles, San Francisco y San José, como veis todos en California. Son conocidos como Japantown, J-Town, o Little Tokyo entre otros nombres y por razones obvias son las mejores alternativas a la comida real japonesa en este país.
Aún así, fui consciente de que este viaje a Tokio era mi mejor oportunidad hasta el momento para conocer de verdad esta gastronomía que tanto me había impactado. Y por ello, no desperdicie ningún segundo para probar todo lo que pude.
Solo fueron dos semanas, pero no paré de comer, aunque tengo que decir que por alguna razón, no subí de peso, como me ocurre durante todas las vacaciones, en este caso fue al contrario.
¡Y como podéis ver en esta entrada, no me privé de nada, ni de dulces!
Lo primero que estaba deseando probar, ya imagino que todos os lo podéis imaginar, era todo lo que tuviese que ver con el matcha.







